Amor, el mas preciado de los valores

 

  Amor, el más preciado de los valores. 18-08-2020

¿Qué es el amor?

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8.

   Cuando pensamos en amor es fácil pensar en los buenos sentimientos. Pero el verdadero amor no depende de los sentimientos. Se trata de algo mucho más que lo que siento por alguien, un amor romántico, un miembro de mi familia, un amigo, un compañero de trabajo. A menudo se da y se recibe amor con la intención de que YO reciba algo a cambio. Pero, ¿qué hago cuando me cuesta algo amar a alguien? ¿Qué dice la Biblia sobre el amor?

   “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” 1 Corintios 13:4-8.

   Pero entonces, ¿qué es amor? Cuando hago todas las cosas sin darle importancia a mis sentimientos o independientemente de las acciones de los demás, esto es amor. En ocasiones no siento que puedo amar cuando soy tentado a la ira, a la impaciencia, a buscar mi propio bien, a pensar lo peor de alguien, a renunciar a algo. Pero cuando niego estos sentimientos y me regocijo, tengo longanimidad, me humillo, llevo las cargas de los demás, soporto todas las cosas – y un verdadero amor se manifiesta. El amor da su vida – aquellas reacciones naturales y exigencias que son parte de la naturaleza humana – y no espera nada a cambio.

   “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15:13.

Amar primero

   “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:10. Es muy bueno si alguien me ama, y yo lo amo de vuelta. Eso es fácil. Pero esto no es una prueba de amor. Dios nos amó antes de que nosotros lo amáramos, y no hemos hecho nada para merecer este amor. ¿Qué sucede si alguien me ha tratado mal? ¿Dónde está mi amor entonces? El amor da, y no sólo a los que son buenos con nosotros. Ama a sus enemigos; ama primero. Y no desaparece si el amor no es recíproco. Todo lo soporta.

   “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” Mateo 5:44-45.

    El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias. En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.1​

   En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico,2​ y hasta la profunda devoción o unidad del amor religioso.3​ En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado del alma o de la mente, identificada en algunas religiones con Dios mismo o con la fuerza que mantiene unido el universo.

   Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles, y pueden ser tanto placenteras como dolorosas (sobre todo en el mundo occidental). El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (cine, literatura, música). Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.

   La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón y varios cientos de miles de años.

   A menudo, sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos como hipocresía, y encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad. Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un comportamiento altruista se disfrace de egoísmo: Oskar Schindler proporcionó un buen ejemplo. A lo largo de la historia se han expresado, incluso en culturas sin ningún contacto conocido entre ellas, conceptos que, con algunas variaciones, incluyen la dualidad esencial del ser humano: lo femenino y lo masculino, el bien y el mal, el yin y el yang, el ápeiron de Anaximandro.

Perspectiva espiritual del AMOR

En la cultura religiosa monoteísta, el amor suele mencionarse y ser apoyado por Dios, como es el caso del Islam, el judaísmo y el cristianismo. Aquellas personas cuyo amor está o se supone que está cercano al Amor Universal, o a Dios, reciben el nombre de santos. Tanto en el budismo como en el cristianismo, el islam, el hinduismo o el judaísmo suelen representarse con una aureola alrededor de su cabeza. Los budas son presentados con aureolas adicionales alrededor de todo su cuerpo.

 Judaísmo

  Escultura análoga a la escultura de arte pop LOVE de Robert Indiana (1977) que sustituye la palabra «love» por אהבה aḥavá, en el Museo de Israel. En hebreo, ahavá es el término más comúnmente usado tanto para el amor interpersonal como para el amor de Dios. El judaísmo emplea una definición amplia del amor, tanto entre personas como entre los seres humanos y la deidad. Respecto al primer caso, en la Torah se afirma: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18).

 Respecto al segundo, a los seres humanos se les manda amar a Dios «con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas» (Deuteronomio 6:5), tomado de la Mishná (un texto central de la tradición oral judía) para referirse a los buenos actos, la buena voluntad para sacrificar la vida en lugar de cometer ciertas transgresiones graves, la buena voluntad para sacrificar todas las posesiones, y el agradecimiento al Señor a pesar de la adversidad (tratado de bərākhāh 9:5). La literatura rabínica se diferencia de lo anterior en cómo este amor puede desarrollarse: por ejemplo, mediante la contemplación de los bienes divinos o la observación de las maravillas de la naturaleza.

   En lo concerniente al amor entre compañeros de matrimonio, éste está considerado un ingrediente esencial de la vida: «Observa la vida con la esposa que amas» (Eclesiastés 9:9). El libro bíblico Cantar de los Cantares se considera una metáfora romántica del amor entre Dios y su pueblo, pero, en su lectura literal, aparece como una canción de amor. El rabino del siglo XX Eliyahu Eliezer Dessler es citado frecuentemente como definidor del amor desde el punto de vista judaico, de «dar sin esperar nada a cambio» (Michtav me-Eliyahu, Vol. 1).

Cristianismo

   En el cristianismo se entiende que el amor proviene de Dios, porque el amor es una virtud teologal. El amor de hombre y mujer —eros en griego— y el amor desinteresado por los demás (agápē) se contrastan a menudo como amor «ascendente» y «descendente», respectivamente, aunque en última instancia son una misma cosa. Muchos teólogos cristianos ven a Dios como fuente de amor, que es reflejado en el ser humano y sus propias relaciones amorosas. C. S. Lewis, influente teólogo anglicano, escribió varios libros sobre el amor, especialmente The Four Loves. El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est (o sea, Dios es Amor), también pretendió reflexionar sobre el amor divino para con el ser humano y la relación entre el ágape y el eros.

   Existen varias palabras griegas para el «amor» que se utilizan con frecuencia en ámbitos cristianos. Ágape: En el Nuevo Testamento, agápē es caritativo, desinteresado, altruista e incondicional. Es el amor de los padres, visto como creador del bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad, y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes.

Phileo: También usado en el Nuevo Testamento, es una respuesta humana a algo que se ha encontrado muy agradable. También conocido como amor fraternal. Las palabras eros (amor sexual) y storge (amor entre hijos y padres) nunca se usaron en el Nuevo Testamento.

   Los cristianos creen que amar a Dios con todo el corazón, mente y fuerza (sobre todas las cosas) y amar al prójimo como a uno mismo son las dos cosas más importantes en la vida (el mayor mandamiento de la Torah de los judíos, según Jesús);48​ San Agustín resumió este pensamiento al escribir «ama a Dios, y haz lo que quieras». El apóstol San Pablo glorificó el amor como la mayor de las virtudes. Describiéndolo en el famoso poema Primera epístola a los corintios, escribió:

«El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta». 1 Corintios 13:4-7.

En la Primera epístola de Juan, capítulo 4, se dice:

  «Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor». 1 Juan 4:7-8.49​

El apóstol San Juan también escribió:

«Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna». Juan 3.16.

   San Agustín dice que es preciso ser capaz de descifrar la diferencia entre amor y lujuria. Lujuria, según San Agustín, es un gran vicio y pecado, pero amar y ser amado es lo que este santo ha buscado toda su vida. Él mismo dice:

    «Yo estaba en el amor con amor». Finalmente, él hace caer en el amor y es amado de vuelta, por Dios. San Agustín dice que la única persona que puede amarte verdaderamente y plenamente es Dios, porque el amor de los hombres tiene muchas fallas, tales como «celo, desconfianza, miedo, rabia y discordia». De acuerdo con este santo, Dios es amor «para alcanzar la paz».

El amor de Dios

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” 1 Juan 4:20-21.

   Nuestro amor a Dios no es mayor que nuestro amor por nuestros semejantes. El amor de Dios no cambia según las circunstancias. Está firmemente arraigado. Como humanos tenemos la tendencia de querer que los demás cambien. Sentimos que es difícil amar a alguien así como es, y preferimos que fuera diferente. Esto es una prueba de que estamos más preocupados en nuestra propia felicidad y comodidad que del amor por los demás; buscamos nuestro propio bien.

   La verdad es que, en lugar de esperar a que los demás cambien, tenemos que encontrar nuestro propio pecado y purificarlo. El interés propio, la actitud de que soy un “sabelotodo”, la arrogancia, la terquedad, etc… pecados que encuentro cuando estoy con los demás. Si nos purificamos de todas estas cosas entonces podemos llevar carga, creer, esperar y soportar todo por los demás. Los amamos así como son, y podemos orar por ellos con un amor de Dios sincero y cuidar de ellos.

Ninguna excepción para amar

   No, no hay ninguna excepción. Ningún pensamiento de que “Esta persona no se lo merece.” Jesús dio su vida por nosotros, y esta fue la última prueba de lo mucho que Él nos amó. Nunca alguien ha merecido esto en menor grado que nosotros. Amar no significa estar de acuerdo con el pecado de los demás, o decir que todo lo que hacen está bien. Más bien, es llevar su carga, orar por ellos, tener fe por ellos, desearles lo mejor. Esto es ir a la acción a pesar de lo que siento. Entonces puedo pasar de tener una aversión natural por alguien a tener un amor verdadero por ellos. Si quiero ayudarlos y hacer que se conviertan de las cosas que podrían ser perjudiciales para ellos, puedo exhortar, aconsejarlos o corregirlos, pero sólo puedo hacerlo cuando lo hago a partir de un verdadero cuidado por ellos.

   Todas las personas con las que estoy deberían sentir una atracción y un querer de acercarse a Cristo a través de mí. El amor es lo que atrae y acerca a la gente. La bondad, la compasión, la mansedumbre de corazón, la paciencia, el entendimiento. ¿Cómo puede alguien sentir atracción y acercarse si la experiencia que tiene de mí es de impaciencia, soberbia, insolencia, odio, etc.? Si siento que me falta verdadero amor de Dios entonces puedo orar a Dios y pedirle que me muestre cómo puedo conseguir más. Pero tengo que estar dispuesto a renunciar a mi propia voluntad y pensar primeramente en los demás antes que en mí.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 1 Corintios 13:13.

    El amor propiamente no es un valor. Amor es un sustantivo abstracto. Existe en la mente con fundamento en la realidad. Existen personas que aman. El distintivo de la persona es amar. "No somos personas, nos hacemos personas amando" (Max Scheler). Existen dos personas, Dios y el hombre. Dios ama. El hombre ama. Amar es dar, más aún, darse. Quien ama convierte la relación en unión, en comunión, en comunidad. El amor todo lo cree, el amor todo lo espera; el amor lo es todo, el amor es eterno, el amor no pasará jamás, escribió S. Pablo. "El amor sólo tiene una palabra, que aun diciéndola siempre, no la repite jamás" (S. Bernardo). El amor vuelve eterno el instante. Dios es amor, eterno presente.

   Todo lo que llamamos valor, como alegría, gentileza, respeto, comprensión, acogida, generosidad, lo es en la medida en que procede del amor. De lo contrario es apariencia, engaño. Quien ama despliega recursos infinitos para expresar su amor. Es alegre, gentil, respetuoso, comprensivo, acogedor, generoso. Infinitas son las buenas actitudes del amor. El sustantivo amor procede del verbo amar. Amar es el infinitivo, forma no personal del verbo. Existen el amante y el amado, participios de presente y de pasado del verbo amar. Amante es el que participa de la acción del verbo amar, y amado el que la recibe. Amante es el que ama, y amado aquel a quien se ama.

  El Cántico Espiritual comienza así:

 "¿Adónde te escondiste / Amado?" Se refiere a Dios. Dios es el Amado del poeta, y éste, su amante. Dios, por amar al hombre, es su Amante, y aquel a quien ama, es su amado. Amantes y amados a la vez. Los versos de S. Juan de la Cruz dejan arrobado al lector.

   


"¡Oh cristalina fuente / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!"

   Quien lo ama, se vuelve Dios por participación. El amor es el valor de todos los valores. Dios es amor y el hombre, imagen y semejanza suya, es amor. Hablar del valor y del amor es hablar de Dios y del hombre. Por ser amor, el hombre está llamado a ser uno con Dios. Dios y el hombre son los valores que hacen todo valioso. Quien mira con los ojos de Dios, descubre el milagro del amor, fundamento de todos los valores.

 



 

 

 

 

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