Mi papá tena la costumbre de compartir su
alimento diario con personas que consideraba tenían más necesidad que él. Así
fue siempre, si compraba un saco de caraotas o maíz repartía más de la mitad
entre sus vecinos, si compraba un pan lo repartía con los niños que vivían a su
alrededor, cuando salía de cacería le llevaba compra a la gente del capo y lo
que cazaba lo repartía generalmente con sus vecino y el no comía lo que cazaba.
Muchas veces le llevaba algo que sabía le gustaba mucho y lo repartía sin
fijarse mucho que a me molestaba el hecho que o valorara lo que le lleve con
esfuerzo.
Recuerdo también que mi mamá apartaba un almuerzo
cada día un plato por si alguien se presenta imprevistamente o si alguien con necesidad de comida pasaba por la
casa. Hoy quizá por razones económicas en mi país no se pueda hacer eso, mi
mama y nuestras vecinas (Alida Arrieta, Carmen de Guanipa, Cira de González,
Carmen de Briceño) intercambiaban y compartían casi a diario sus platos, así
tuve la dicha de conocer y saborear la buena sazón de mis vecinas. Esos eran
tiempos donde se disfrutaba el hecho de compartir hasta un simple café. No
éramos ricos en dinero pero si en amor.
Cuando nos sentábamos a comer generalmente lo
mejor era para nosotros, sus hijos, si uno pedía más sacaban de sus platos y
con amorosos gruñidos (jajaja), o
palabras entre dientes lo compartían con nosotros. Al que parte y
reparte le toca la mejor parte decían, mucho después pude comprender lo que mis
padres querían decir con estas palabras, la mejor parte no era el muslo de
pollo más grande, el plato con más caraotas, la mejor parte no era
necesariamente la más grande, la mejor parte para ellos era sentir EL PLACER DE
COMPARTIR, compartir era su máxima satisfacción sencillamente porque en esa
repartición había un gran valor humano como lo es el AMOR.
La Biblia nos anima
a dar de lo que tenemos de forma voluntaria y con el motivo correcto. Cuando lo
hacemos, no solo se beneficia la persona que recibe, sino también nosotros (Proverbios 11:25; Lucas 6:38). Jesús dijo: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35).
Dar de forma voluntaria produce buenos
resultados. La Biblia dice: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su
corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).
Dios espera que quienes lo adoramos demos de corazón (Santiago 1:27). Si ayudamos a los necesitados, estamos colaborando con Dios, y él se considera en deuda con nosotros por nuestros actos de generosidad (Proverbios 19:17). La Biblia dice que Dios nos recompensará (Lucas 14:12-14).
Textos bíblicos que hablan sobre dar
Proverbios 11:25: “El que es generoso, prospera; el que
da, también recibe” (Dios habla
hoy).
Lo que significa: Dar no solo
beneficia a la persona que recibe, sino también a la que da.
Proverbios 19:17: “El que muestra favor al de condición
humilde le presta a Jehová, y Él le pagará su trato”.
Lo que significa: Dios se considera
en deuda con quienes ayudan a los necesitados y promete que recompensará su
generosidad.
Mateo 6:2: “Cuando andes haciendo dádivas de misericordia, no
toques trompeta delante de ti, así como hacen los hipócritas [...] para que los
hombres los glorifiquen”.
Lo que significa: No debemos dar para
llamar la atención hacia nosotros mismos.
Hechos 20:35: “Hay más felicidad en dar que en
recibir”.
Lo que significa: Dar de corazón nos
hace felices.
2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha
resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al
dador alegre”.
Lo que significa: A Dios le gusta que
demos de manera voluntaria.
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