EL AYUNO 04-08-2020

El Ayuno 04-08-2020

    Se llama ayuno al acto de abstenerse total o parcialmente de comer o beber, por un periodo de tiempo determinado. Puede realizarse por diversos motivos, pero los principales son, como manifestación (en este caso se lo suele llamar huelga de hambre), o como técnica curativa en la naturopatía asociado o no a infusiones de plantas medicinales, medicinas naturistas. Recientemente, varias investigaciones (muchas en ratas) han encontrado multitud de beneficios de los estados de ayuno o por lo general, de cetosis. Estos se han realizado mayormente en condiciones de ayuno intermitente o restricción calórica, y van desde neurológicos y prevención del alzheimer a metabólicos, cardiovasculares  y cerebrovasculares.

   El ayuno dentro del contexto de nuestra relación con Dios debe servir para acercarnos a él. No debe ser por motivos egoístas tales como perder peso, convencer a Dios para que nos conceda algo, o parecer más santos que los demás. Cuando decidimos hacer un ayuno debe ser para acercarnos a Dios, escuchar su voz y crecer en nuestro andar con él. El ayuno es voluntario elegimos ignorar por un tiempo la necesidad física de comer, de beber o de alguna otra cosa. Nos enfocamos en alimentar nuestro espíritu y buscar la  presencia de Dios de una forma especial. Por eso es importante que el día del ayuno tengamos nuestra Biblia a mano y estemos en un lugar tranquilo donde podamos hablar libremente con Dios y escuchar su voz sin interrupciones.

   La Biblia nos habla de diferentes clases de ayuno que veremos a continuación. Es importante que antes de comenzar cualquier tipo de ayuno, en especial el ayuno total, lo comentemos con nuestro médico y verifiquemos que no afectará adversamente nuestro estado de salud.

Cuatro (4) formas de ayunar que menciona la Biblia

Ayuno total

Este es el ayuno más radical que podemos hacer. En este no se come ni se bebe nada, el cuerpo no recibe ningún tipo de nutrientes. En la Biblia encontramos un ejemplo en el capítulo del libro de Ester: “…Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa, para que ayunen por mí. Durante tres días no coman ni beban, ni de día ni de noche. Yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas al igual que ustedes. Cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y, si perezco, que perezca!…” (Ester 4:16)

   Ester, sus doncellas, Mardoqueo y todos los judíos de la ciudad de Susa estarían tres días y tres noches sin comer ni beber nada antes de que Ester fuera a hablar con el rey. Ella iba a rogar por la vida de su pueblo. Vemos que es un ayuno muy radical pero la situación tan crítica lo ameritaba. El ayuno total debe hacerse solo por períodos cortos de tiempo, por ejemplo, 6, 12 o 24 horas. Es muy importante no hacer este tipo de ayuno por más de tres días. Se recomienda hacerlo bajo supervisión médica ya que el cuerpo no recibe ningún tipo de nutrientes y puede ser peligroso para la salud.

Ayuno con agua

   Este es el tipo de ayuno más conocido. No se come nada pero se puede beber agua. Al permitir hidratarse puede ser un poco más extenso que el ayuno total, pero también es aconsejable consultar

con  un médico sobre todo si se piensa estar por más de dos días solo con agua. Se piensa que este fue el ayuno que Jesús hizo por 40 días justo antes de comenzar su ministerio. Los Evangelios mencionan que Jesús dejó de comer y tuvo hambre pero no dicen que tuviera sed. Leemos en el Evangelio de Lucas: Lucas 4:1-2. Hay personas que deciden incorporar jugos de frutas o agua con gotas de limón al hacer este ayuno.

Ayuno parcial

   El ayuno parcial consiste en eliminar solo ciertos alimentos. La idea es comer de forma sencilla para mantener el cuerpo funcionando, sin comer en exceso o por placer. En la Biblia encontramos el ejemplo de Daniel, vemos cómo practicó este ayuno durante tres semanas. Daniel dejó de comer comidas especiales (elaboradas o sabrosas) y carne. También dejó de beber vino. Este ayuno de Daniel es muy conocido y seguido ya que es menos radical. Es más fácil para personas que tienen alguna condición de salud que no les permite realizar otro tipo de ayuno.

   En aquella ocasión yo, Daniel, pasé tres semanas como si estuviera de luto. En todo ese tiempo no comí nada especial, ni probé carne ni vino, ni usé ningún perfume. (Daniel 10:2-3). Este ayuno puede ser más extenso ya que se elimina solo cierto tipo de alimentos y desgasta menos el cuerpo. Hay personas que deciden dejar de comer carne, otras dejan de lado los postres, dulces o golosinas. Es bastante común beber solo agua en lugar de jugos o refrescos durante este ayuno.

Otro tipo de ayuno

   La Biblia menciona otro tipo de ayuno que no tiene que ver con la comida. Se trata de dejar de lado por un tiempo cosas que no son alimentos. Por ejemplo, Daniel dejó de usar perfume cuando hizo el ayuno parcial de tres semanas (Daniel 10:2-3). En 1 Corintios 7:5 encontramos también el ejemplo de abstenerse de sexo en el matrimonio por un tiempo corto para dedicarse a la oración. Esto debe hacerse por mutuo acuerdo de la pareja. Hoy día vemos personas que deciden abstenerse del uso de las redes sociales o de la televisión durante unos días ya que desean usar ese tiempo para profundizar más en su relación con Dios y enfocarse en buscar su voluntad. Este tipo de ayuno puede ir unido a un ayuno parcial.

   Sea cual sea el ayuno que escojamos lo más importante es dedicar ese tiempo a buscar más de Dios. El énfasis debe estar en pasar tiempo con él, orando, adorándole y leyendo su palabra. Debe ser un tiempo en el que todo lo demás pase a segundo plano, nos deleitemos en escuchar a nuestro Padre y en recibir lo que él quiera darnos. Debido a que el cristianismo proviene de forma directa del judaísmo, el ayuno cristiano comparte muchas características con el ayuno judío.

   Las características del ayuno varían entre las denominaciones, el catolicismo distingue entre "ayuno" (que involucra una comida de tamaño normal, lo cual se puede suplementar si es necesario con dos pequeñas comidas [colaciones], las cuales, juntas, no pueden sumar el tamaño de una comida normal) y "abstinencia" (ninguna carne roja). El período de ayuno más conocido es la cuaresma, el cual tiene unos 40 días de duración. En la actualidad, la Iglesia católica prescribe cómo días de ayuno obligatorio el miércoles de ceniza y el viernes santo, recomendando el ayuno personal.

    Cerca de la mitad de los protestantes carecen de la tradición del ayuno. En iglesias evangélicas y denominaciones para-denominacionales, el ayuno se practica frecuentemente, muchos de los cuales lo llevan a cabo con abstinencia total de alimentos durante un lapso, ingiriendo solamente agua. El ayuno cristiano ha sido utilizado de diversas maneras a través de la historia. La enseñanza del ayuno es tomada principalmente del ayuno realizado por Jesucristo durante sus cuarenta días en el desierto, después de haber sido bautizado.

    En la iglesia primitiva el ayuno era un periodo de recogimiento, normalmente constaba de dos días de ayuno semanales, ya que era costumbre de los judíos devotos ayunar esa cantidad de días, aunque para realizar una diferenciación observaban días distintos. Los judíos observaban el ayuno los lunes y jueves, mientras que los cristianos los miércoles y viernes.

   Cabe aclarar que los cristianos primitivos no practicaron el ayuno como requisito religioso, pero sí ayunaban en ocasiones especiales. Por ejemplo, cuando se apartó a Bernabé y Pablo para la obra misional en Asia Menor, hubo ayuno y oración. También se ofrecieron oraciones “con ayunos” cuando se nombraron cargos de responsabilidad. (Hechos de los Apóstoles 13:2,3; 14:23.) Por consiguiente, los cristianos primitivos no estaban bajo el mandato de ayunar, pero tampoco se les prohibía hacerlo. (Romanos 14:5, 6.)

   Durante los primeros años del siglo III los que se preparaban para ser bautizados realizaban un ayuno durante el viernes y el sábado, y su bautismo tenía lugar en la madrugada del domingo, de manera análoga a la resurrección de Jesús. Con la declaración del cristianismo como religión oficial del estado por el Concilio de Nicea, el ayuno comenzó a declinar en fuerza, debido a que en la Europa Occidental no era bien visto el ayuno y la falta de sueño por el solo hecho de castigar el cuerpo. Esto cambió durante las cruzadas, cuenta la historia que Pedro Bartolomé indicó a los cruzados que ayunaran por cinco días, y después atacaran a sus enemigos.

   El ayuno debe realizarse con el fin de buscar la presencia de Dios, alimentar el espíritu y así poder tener control sobre la naturaleza carnal. (Gálatas 5:16-17) Es de aclarar que la Biblia enseña que no es correcto ayunar con el fin de ser visto por otros y aparentar ser espirituales. (Mateo 6:16)

   El ayuno para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Mormones) es una práctica normal el cual tiene una duración de 24 horas si el que realiza el ayuno soporta el sacrificio; los miembros de la Iglesia ayunan por sugerencia de sus líderes una vez al mes, el cual tiene lugar por recomendación el primer fin de semana del mes y este es comenzado al mediodía del sábado y termina el mediodía del domingo; durante este tiempo los miembros se abstienen de todo tipo de comida y bebida. Se recomienda que tanto niños como mujeres embarazadas o lactantes no practiquen el ayuno, así como muy ancianos, enfermos o con algún estado de salud especial.

    Los Santos de los Últimos Días (SUD) ayudan con propósitos, bien sea dar gracias por las bendiciones recibidas o pedir algún tipo de bendición. Consideran el ayuno una forma especial y poderosa de pedir y dar gracias a Dios. El tiempo de ayuno se inicia y culmina con una oración en la que se declara el o los propósitos del ayuno. Durante el tiempo de ayuno oran y leen las escrituras varias veces. Los mormones ayunan por un periodo de dos comidas y los recursos no usados durante el ayuno, o sea, el dinero son considerados como ofrenda de ayuno, la cual entregan de forma generosa y voluntaria a los líderes locales de la congregación, y es usada para ayudar a los hermanos necesitados de la congregación y/o de la comunidad. También es práctica común entre los mormones ayunar cualquier día del mes y de la semana y más de una vez por mes.

Existen diversos tipos de ayuno para los cristianos:

1-   Ayuno absoluto. Abstención total de alimentos, y líquidos, incluyendo el agua. Esto se realiza solo por un breve lapso de tiempo.

2-   Ayuno normal. Abstinencia de alimentos, sin eliminar el agua, por un período limitado.

3-   Ayuno parcial. Consiste en una dieta limitada, donde se dejan fuera todo tipo de postres y frutas, carnes, vinos y "manjares", y se cambia por una dieta donde solo hay legumbres y verduras. Ejemplo de esto es Daniel 10:2-3.

4-   Ayuno medio. Suelen hacerlos los miembros que por problemas de salud, que no pueden aguantar un ayuno completo, este ayuno generalmente se hace en las mañanas; es decir que sólo se come una comida al día.

 Lo que la Biblia dice sobre el ayuno que agrada a Dios

   Ayunar es una de las disciplinas espirituales que nos viene bien ejercer como cristianos. Nos ayuda a fortalecer nuestro espíritu y a acercarnos más a Dios ya que nos ofrece la oportunidad de negar algo a nuestro cuerpo y a escoger voluntariamente dar prioridad a algo espiritual: nuestra relación con Dios. El significado básico de la palabra ayuno es la abstención completa o parcial de comida y/o bebida por un período de tiempo. Quiere decir que cuando decidimos ayunar por un tiempo específico, se sobrentiende que dejaremos de comer o beber completa o parcialmente.

¿Cuál debe ser la motivación del ayuno?

El motivo principal del ayuno debe ser acercarnos a Dios, mostrarle nuestro amor, obediencia y sumisión. No debemos marcar un día de ayuno por motivos egoístas o para conseguir algo que deseamos que Dios nos conceda a cambio. Leemos en Zacarías 7:1-6:

“…En el cuarto año del reinado del rey Darío, en el día cuatro del mes noveno, que es el mes de Quisleu, la palabra del Señor vino a Zacarías. El pueblo de Betel había enviado a Sarézer y a Reguen Mélec, y a sus hombres, a buscar el favor del Señor y a preguntarles a los sacerdotes de la casa del Señor Todopoderoso y a los profetas: «¿Debemos observar en el quinto mes un día de duelo y abstinencia, tal como lo hemos hecho todos estos años?» Vino entonces a mí esta palabra de parte del Señor Todopoderoso: «Dile a todo el pueblo de la tierra, y también a los sacerdotes: “Cuando ustedes ayunaban y se lamentaban en los meses quinto y séptimo de los últimos setenta años, ¿realmente ayunaban por mí? Y, cuando ustedes comen y beben, ¿acaso no lo hacen para sí mismos?” (Zacarías 7:1-6)

    Vemos cuán importante es que examinemos nuestro corazón y entendamos bien qué nos motiva a ayunar. Dios conoce nuestros corazones, él sabe si lo hacemos por motivos egoístas o si realmente ayunamos como ofrenda a él con el deseo de experimentar su presencia de una forma especial. El ayuno debe ser un acto de humildad y sacrificio ante Dios, un gesto que expresa lo mucho que le necesitamos a él en nuestras vidas.

   ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes? Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del Señor te seguirá. Llamarás, y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá: “¡Aquí estoy!”» Si desechas el yugo de opresión, el dedo acusador y la lengua maliciosa, si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche.

    El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan. (Isaías 58: 7-11). En este texto de Isaías vemos con más claridad cuál es el ayuno que agrada a Dios. Dejar de comer por dejar de comer no tiene ningún poder o efecto espiritual sobre nosotros. Tampoco nos beneficia para nada dejar de comer o beber y seguir haciendo cosas que van en contra del corazón de Dios. En los primeros cinco versículos de este capítulo Dios le había dicho al pueblo de Israel que aunque él veía cosas buenas en ellos, no estaba nada contento con la forma en que procedían el día de ayuno. Parece que ayunaban para impresionar a los demás, y la actitud que tenían durante el ayuno reflejaba las contiendas existentes entre unos y otros.

   En los versículos del 6 al 11 se detalla el ayuno que le agrada a Dios. Podemos ver que es un ayuno que debe ir acompañado por actos de justicia (romper las cadenas de la injusticia, poner en libertad a los oprimidos). También debe resultar en acciones que muestren cuidado y amor por los demás (compartir tu pan con el hambriento, dar refugio a los pobres sin techo). Lo que obtendrían al obedecer y ayunar con la actitud correcta sería la sanidad que Dios les daría. La gloria del Señor estaría con ellos, gozarían de su cuidado, de salud, y tendrían muchas bendiciones. Dios les guiaría siempre, su provisión sería suficiente y les daría fortaleza física. ¡Bendiciones inagotables!

   Al mirar el pasaje del Sermón del Monte en el que Jesús habla sobre el ayuno volvemos a ver la importancia de nuestra actitud. El ayuno debe tener como propósito agradar y obedecer a Dios. No debemos ayunar para que los demás nos vean y nos admiren. Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.»

(Mateo 6:16-18). En estos versículos vemos algunos puntos interesantes:

 "Cuando ayunen". Esta frase muestra que Jesús esperaba que sus seguidores, los que escuchaban sus enseñanzas, ayunaran. El ayuno formaba parte de su cultura, él sabía que ellos ayunaban por lo menos un día al año (el Día de Expiación) y no les dice que dejen de hacerlo.

   Relacionado con el punto anterior vemos que es preferible que no se note físicamente cuando ayunamos. Jesús les anima a arreglarse, verse repuestos, animados. El versículo 17 dice "...perfúmate la cabeza y lávate la cara...". El ayuno debe ser secreto, algo entre nosotros y Dios: "...para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre...". Dios nos recompensa cuando ayunamos para él y la única recompensa que debe importarnos es la suya. Por eso, dentro de lo posible, él debe ser el único en enterarse de que estamos ayunando.

¿Es obligatorio ayunar?

   El único ayuno mandado por Dios como ley en el Antiguo Testamento es el ayuno del Día de Expiación (Levítico 16:29-31) combinado en esa ocasión con el día de reposo. Todo el pueblo debía ayunar un día completo para la purificación de los pecados. En ese día se ofrecía el sacrificio de un macho cabrío (escogido entre dos) que, de forma simbólica, llevaba los pecados del pueblo. Sabemos que, gracias al sacrificio de Jesús en la cruz, ya hemos recibido el perdón por nuestros pecados. Jesús fue el Cordero perfecto y propicio a través del cual estamos sin mancha. Solo tenemos que aceptar el sacrificio de Jesús como válido para nosotros reconociendo que hemos pecado, que solo somos perdonados y limpios a través de él.

   Por esto el ayuno ya no es una imposición. Si eres hijo de Dios no ayunarás porque se exige de ti. Pedirás dirección divina en cada una de tus situaciones y, según el Padre hable a tu corazón, decidirás si debes o no hacer un ayuno. Hay un relato muy interesante en la Biblia, en Mateo 9:14-17. Es una pregunta que los discípulos de Juan el Bautista le hicieron a Jesús. Un día se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: ―¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos, pero no así tus discípulos? Jesús les contestó:

    ¿Acaso pueden estar de luto los invitados del novio mientras él está con ellos? Llegará el día en que se les quitará el novio; entonces sí ayunarán. Nadie remienda un vestido viejo con un retazo de tela nueva, porque el remiendo fruncirá el vestido y la rotura se hará peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, se reventarán los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán. Más bien, el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así ambos se conservan.

   ¡Interesante! Jesús había ayunado 40 días y 40 noches antes de comenzar su ministerio (Mateo 4). Sin embargo, él no exigía a sus discípulos que ayunaran. Esto sí lo hacían los fariseos y Juan el Bautista. Jesús explica que mientras él (el novio) estaba vivo, no era el momento de ayunar o estar de luto. Ese momento llegaría y entonces sí ayunarían. Jesús también explica la diferencia que marcaban su venida y su vida. Los odres viejos (la ley) no podrían contener el vino nuevo que representa el nuevo pacto a través del sacrificio de Jesús. Él traía algo nuevo: el perdón de pecados y la vida eterna a través de la gracia (Efesios 2:8-9). El ayuno, y todo lo que se hacía por obligación bajo la ley, pasa a ser hecho por amor y agradecimiento al Padre, mostrando nuestro anhelo de disfrutar de su presencia y su cercanía.

   ¿Quieres acercarte más a Dios? ¿Deseas recibir dirección para alguna decisión? ¿Estás pasando por un tiempo retador en tu vida? Puede que sea un buen momento para realizar un ayuno. Pregunta a Dios si ese es su deseo para ti. Verifica con tu médico cuál es la mejor forma para hacerlo. No olvides que el Padre anhela que nos acerquemos a él y nunca rechaza a quienes le buscan.


 


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