LOS VALORES DEL HOMBRE Y SU ESPIRITUALIDAD

Los valores del hombre y su espiritualidad 07-08-2020

Qué son los valores?

    La palabra valores viene del latín “valere” lo que significa “ser fuerte”. Son aquellas virtudes, principios o cualidades que determinan a un individuo, a un objeto, o a una acción que se cree especialmente positiva o de mucha prevalencia dentro de un grupo social. La definición de valores señala que son cualidades que resaltan en cada persona y que, a su vez, lo promueve a actuar de una manera u otra porque es parte de sus creencias, caracterizan su comportamiento y demuestran sus sentimientos y sus intereses.

   Los valores son aquellos principios, virtudes o cualidades que caracterizan a una persona, una acción o un objeto que se consideran típicamente positivos o de gran importancia por un grupo social. Los valores son aquellas cualidades que se destacan en cada individuo y que, a su vez, le impulsan a actuar de una u otra manera porque forman parte de sus creencias, determinan sus conductas y expresan sus intereses y sentimientos.

   En este sentido, los valores definen los pensamientos de las personas y la manera en cómo desean vivir y compartir sus experiencias con quienes les rodean. Sin embargo, también existe una serie de valores que son compartidos por la sociedad y que establecen los comportamientos y actitudes de las personas en general, con el objetivo de alcanzar el bienestar colectivo. Por tanto, los valores se pueden clasificar por su importancia según las prioridades de cada persona o de la sociedad.

   Entre los valores más importantes, destacan los valores humanos porque tienen mayor reconocimiento y repercusión en los distintos grupos sociales. Estos valores se relacionan con la ética, el respeto, la tolerancia, la bondad, la paz, la solidaridad, la amistad, la honestidad, el amor, la justicia, la libertad, la honradez, entre otros.

   La libertad es un valor humano que poseemos todas las personas para tomar nuestras decisiones y poder expresar nuestros sentimiento y opiniones. Ahora bien, cuando se trata de aquellos valores que están aplicados a un grupo de personas en los cuales se toman en cuenta las culturas y las características sociales, entonces se hace referencia a los valores sociales y los valores culturales.

   Asimismo, en contextos más específicos también se determinan otros grupos de valores importantes como los valores familiares, los valores religiosos, entre otros. Por otra parte, la axiología es la rama de la filosofía que tiene como objeto de estudio los valores y los juicios de valor.

Valores éticos y valores morales

   Las palabras: ética y moral tratan, entre otros temas, el concepto de los valores. Aunque en muchos casos se habla indistintamente de valores éticos y valores morales, estos términos no tienen el mismo significado. Los valores éticos son aquellas pautas de comportamiento que buscan regular la conducta de las personas, tienen un carácter universal y se adquieren durante el desarrollo individual de cada persona.

   Por su parte, los valores morales son aquellos transmitidos por la sociedad, de generación en generación que, en algunos casos, pueden estar determinados por una doctrina religiosa. Además, los valores morales se pueden modificar a lo largo del tiempo

Escala de valores

   Existen un gran número de valores, tanto generales como específicos, cuyo orden de importancia varía en cada individuo o grupo social. Por ejemplo, en un grupo de amigos existe un conjunto de valores compartidos como la amistad y el respeto, sin embargo, cada integrante tiene una serie de valores personales diferente. Por tanto, cuando se hace mención a una escala de valores, esto indica que existe un sistema de valores jerarquizado en el que se priorizan unos valores por encima de otros cuando existe un conflicto.

   Asimismo, los valores que se consideran más importantes son aquellos que engloban un significado más amplio o complejo, por ejemplo, el valor del amor contiene el valor de la amistad. De allí que estos valores fungen como fuente de motivación y condicionan la toma de decisiones y las acciones del ser humano.

Qué son Valores religiosos?

Los valores religiosos son aquellos que representan los principios y las conductas adoptadas por las personas según la religión o dogma que profesan. Son valores que aparecen descritos en libros religiosos o textos sagrados, y que han sido transmitidos a través de la historia del hombre de una generación a otra. No son valores impuestos por la sociedad. Existe una larga lista de valores religiosos que se pueden nombrar. Sin embargo, se presentan a continuación aquellos valores que se consideran fundamentales en cualquier fe y creencia, ya que están presentes en todos aquellos que practican una religión.

-        Amor

El amor es un valor que transmite a través de acciones y sentimientos desinteresados hacia alguien. Es un valor que crea vínculos y lazos emocionales importantes. Amar a la familia, a los amigos, los animales, entre otros. También implica el cuidado y cultivo por el amor propio.

-        Caridad

La caridad es una virtud muy importante, se refiere a amar a Dios sobre cualquier cosa. Es un valor que invita a hacer el bien y ser fraternal. Es un valor que genera paz, misericordia, amor, y generosidad. Las personas caritativas prestan su apoyo cada vez que alguien necesita ayuda para superar alguna dificultad o problema.

-        Misericordia

La misericordia se refiere a la disposición que tienen las personas para compadecerse de la situación de otro ante el sufrimiento o la pena. Las personas misericordiosas son las que prestan ayuda e invitan a la reconciliación y al perdón.

-        Obediencia

Se refiere a la capacidad y actitud que cada individuo posee para acatar con respeto y responsabilidad la voluntad de otras personas que, por lo general, poseen el mando o control sobre algo. Por ejemplo, obedecer a los padres cuando toman una decisión con respecto a un tema familiar.

-        Compasión

La compasión es la capacidad que tienen las personas para conectarse con lo que el otro individuo está experimentando. Es el impulso de actuar y prestar ayuda ante las necesidades de los demás.

-        Bondad

Es la actitud de responder y actuar haciendo el bien. Las personas bondadosas procuran alcanzar el bienestar para el prójimo a través de buenas acciones a fin de aliviar dolores, tristezas o penas. Los bondadosos ayudan a los demás sin esperar nada a cambio.

Valores espirituales

   Son patrones de comportamiento que a través de su práctica permiten que se tenga una relación con alguna deidad; es decir, generan que exista una conexión con Dios. El ser humano aprende y desarrolla esta aptitud a lo largo de su vida de acuerdo como va recibiendo una educación moral, ya que los mismos se transforman en buena conducta y en costumbres respaldadas por la cultura. La esperanza, la fe, la verdad, la armonía y la caridad son las cualidades más tratadas por la teología como valores espirituales.

    Los valores espirituales son los comportamientos y creencias que se tienen como preferentes, relacionados con inmaterial, psíquico, mental, místico o religioso. El ser humano desarrolla estos valores a lo largo de su vida conforme recibe una formación moral, ya que estos se traducen en el buen comportamiento y costumbres avaladas por la cultura. Por ejemplo, ser sensible, pacífico, meditativo o valorar la conexión entre personas pueden ser valores espirituales; son conceptos inmateriales, que se consideran relacionados con el «espíritu».

   Usualmente, los valores espirituales más tratados por la teología son la armonía, la verdad, la caridad, la fe y la esperanza. Estos valores son los definidos como fundamentales para que el ser humano pueda establecer una relación profunda con DIOS por fuera del plano humano y material. En general, los valores espirituales se centran en aquellas cosas que contribuyen con el desarrollo espiritual de los seres humanos sin tener ningún tipo de relación con el plano material.

    Son altamente influyentes en el sentido de realización personal de los seres humanos y afectan la manera como estos se relacionan entre sí. Una característica fundamental de los valores espirituales es que se encuentran vinculados a las creencias religiosas y en este sentido hacen viable que haya una relación sostenible entre los seres humanos y un dios. Buscan el mejoramiento del individuo en un plano sobrenatural.

   Los valores representan la esencia y quintaesencia del conocimiento adquirido por la humanidad durante miles de años. Los valores le dan al hombre el conocimiento que necesitan para crecer, desarrollarse y progresar de forma continua. Los valores son habilidades espirituales que canalizan la energía a un nivel superior de realización personal.

  Valores Espirituales

1-   La Armonía:

   La vida generalmente está llena de contradicciones, conflictos y desacuerdos. El espíritu es una unidad que debe estar basada en la armonía. De esta forma, al expresar y mantener nuestras vidas en armonía, estamos trabajando fuertemente para llegar a un estado de conciencia espiritual. Cuando se alcanza este estado de armonía, el espíritu se abre a oportunidades inesperadas, se da un proceso de expansión de la conciencia fuera del plano físico y el ser humano experimenta un estado permanente de alegría, teniendo la capacidad de descubrir su realidad de otra forma y adquirir un conocimiento superior.

   La armonía permite a los seres humanos anhelar bienestar para todo aquello que les rodea. Es un estado de paz y plenitud que permite al alma encaminarse rumbo a la felicidad. Un ejemplo de la armonía se puede evidenciar cuando un individuo se dedica a hacer aquello que le hace feliz y a su vez, busca hacer feliz a las demás personas.

2- Verdad

   La verdad es la última expresión de la divinidad. La verdad es esencialmente la realidad. Para tener pensamientos verdaderos, tanto las palabras como las acciones deben estar alineadas con el resto de nuestras vidas de forma coherente, solo así podremos llegar a un mayor estado de conciencia. Ser honesto no es solo hablar con la verdad, es ser completamente transparente con nuestras actitudes y posturas frente a la vida.

  De esta manera, se dice que todas las circunstancias se viven de manera inflexiblemente verdadera, permitiendo al alma elevarse por encima del plano de la conciencia humana, alcanzando la altura espiritual. Vivir de acuerdo al valor espiritual de la verdad es vivir de forma consecuente. Por ejemplo, si creemos fervientemente en algo, actuamos según nuestras creencias y no de forma contradictoria con las mismas.

2-  Caridad

El progreso espiritual significa rebasar los límites del ego. El ego únicamente se preocupa por su bienestar y placer. Para cambiar genuinamente la orientación de nuestras vidas, debemos cambiar del ego al espíritu. Muchas veces, es normal ver que en la práctica, un individuo ayuda a otro esperando algo en retorno. Estas acciones no son caritativas y buscan amor, bienes materiales o favores en contraprestación.

   La caridad significa que no nos sentimos superiores ni damos a los otros aquello que necesitan para sentirnos mejor sobre nuestras vidas. La caridad trae consigo alegría genuina y profunda por hacerle bien a las demás personas, sin tener muy presente qué se da. Este valor espiritual es entendido como la compasión por una persona ajena a nuestra realidad. Busca sentir el dolor del otro como si fuese propio, para buscar remedio a este dolor sin esperar nada en retorno.

3-  Fe

La fe es considerada a menudo como una facultad y no como un valor. Sin embargo, la mente puede aceptar la idea de la fe y convertirla en un principio dinámico de vida. La fe es descrita como el conocimiento del alma que la mente aún no domina. Todo lo que hacemos en la vida requiere tener fe en algo, en nuestras capacidades, en la tecnología, en la ley, en la honestidad y valores de otras personas, entre otros.

   A menudo, nuestra fe se encuentra limitada por nuestras experiencias pasadas y nuestra voluntad de confiar en otros. Para que la fe pueda ser parte de los valores espirituales de una persona, primero debemos cambiar la orientación de nuestra confianza de nosotros mismos, otras personas, el dinero o cualquier elemento material, a nuestro espíritu. Cuando se confía en el espíritu, se comprende la vida desde una realidad superior.

   La fe es la afirmación contundente de que existe una divinidad superior dispuesta a contribuir con nuestro desarrollo personal y bienestar. Por esta razón, el valor de la fe ayuda al ser humano a mitigar sus preocupaciones, a no perder la esperanza y a afrontar la vida sin temor.

4-  Esperanza

   La esperanza es un valor espiritual que juega un papel fundamental en religiones como la católica y cristiana. A nivel espiritual, este valor se fundamenta en la creencia de que el espíritu de los seres humanos no es un elemento efímero, sino que trascenderá a un plano sobrenatural después de la muerte. Fuera de la religión cristiana, la esperanza es más que un valor espiritual y se entiende también como un valor personal que da a los seres humanos la posibilidad de vivir la vida con optimismo, orientando la energía al cumplimiento de objetivos. Es un motor que permite abrir y construir caminos que nos lleven a aquello que añoramos. Es la posibilidad de soñar y opera como un motor de vida.

 Los beneficios de buscar los valores espirituales

   “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos.” (Eclesiastés 5:10.)

    Trabajar en exceso puede producir estrés, el cual genera a su vez problemas de salud que en ocasiones provocan la muerte. En muchos países, el divorcio divide a las familias. Con demasiada frecuencia, este tipo de tragedias son fruto de una preocupación excesiva por los bienes materiales. En vez de disfrutar de lo que tiene, la persona que vive absorta en adquirir posesiones siempre quiere más, cueste lo que cueste.

   Un libro de autoayuda indica: “No ser menos que el vecino es el deporte nacional, sin importar que el vecino sea un adicto al trabajo que corre el peligro de padecer un ataque al corazón en cuanto pase de los 40 años”. El afán de acumular bienes puede volverse insaciable y robarnos la alegría de vivir. Hay una fuerza poderosa que a menudo se aprovecha de nuestras debilidades humanas: la publicidad.                  Los programas de televisión están saturados de anuncios que insisten en que compremos artículos que probablemente no necesitemos y que quizás ni siquiera podamos permitirnos, con todas las repercusiones negativas que ello suele acarrear.

   Satisfacer nuestros caprichos de forma incontrolada puede afectarnos de un modo sutil pero devastador, tanto en sentido físico como moral. Por ejemplo, el sabio rey Salomón hizo la siguiente observación: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne” (Proverbios 14:30). En contraste, el esfuerzo excesivo, la ansiedad y las presiones de obtener prosperidad económica quizás logren acabar con la salud y la felicidad. Si el materialismo domina a la persona, sus relaciones con los demás se ven afectadas, y cuando su entorno social y familiar se deteriora, también disminuye su calidad de vida.

La superioridad de los valores espirituales

   Mucho tiempo atrás, el apóstol Pablo dio esta amonestación: “Cesen de amoldarse a este sistema de cosas” (Romanos 12:2). El mundo ama a quienes se rigen por sus valores (Juan 15:19). Busca apelar a nuestros sentidos —vista, tacto, gusto, olfato y oído— a fin de que adoptemos un estilo de vida materialista. Da énfasis al “deseo de los ojos” para que todos vayamos en busca de las ganancias materiales (1 Juan 2:15-17).

   Pero hay valores mucho más importantes que el dinero, la prominencia y la riqueza. Hace siglos, el rey Salomón acumuló todo lo que el mundo ofrecía en sentido material. Construyó casas y tuvo jardines, huertos, sirvientes, ganado, cantores y cantoras, además de oro y plata en abundancia. La fortuna de Salomón superó con creces la de cualquiera de sus antecesores. Decir que era rico es quedarse corto: fue un hombre que tuvo prácticamente todo lo que pudiera desearse. Sin embargo, tras repasar sus logros dijo: “Todo era vanidad y un esforzarse tras viento” (Eclesiastés 2:1-11).

    Gracias a la sabiduría superior que Salomón tuvo el privilegio de obtener, supo que el mayor logro proviene de la búsqueda de valores espirituales. Por ello escribió: “La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre” (Eclesiastés 12:13).

   Más valioso que el oro o la plata es el tesoro que se puede hallar en las páginas de la Palabra de Dios, la Biblia (Proverbios 16:16). En su interior hay verdades profundas, semejantes a joyas, a la espera de que usted las descubra. ¿Las buscará y desenterrará? (Proverbios 2:1-6.) Nuestro Creador, la fuente de los auténticos valores, lo anima a hacerlo y lo ayudará. ¿Cómo?

   Jehová suministra verdades valiosísimas mediante su Palabra, su espíritu y su organización (Salmo 1:1-3; Isaías 48:17, 18; Mateo 24:45-47; 1 Corintios 2:10). Examinar estos singulares tesoros de valor incalculable nos da la oportunidad de decidir inteligentemente cuál es el mejor modo de vivir y el más gratificante. Dicha elección no será difícil, pues Jehová, nuestro Creador, sabe lo que necesitamos para ser verdaderamente felices.

   La Biblia fomenta los valores más elevados

   Los sabios consejos de la Biblia no tienen comparación. Las normas morales por las que aboga son insuperables. Sus recomendaciones son siempre provechosas, y han resistido la prueba del tiempo. Algunos consejos bíblicos sensatos son trabajar duro, ser honrado, usar el dinero sabiamente y no ser perezoso (Proverbios 6:6-8; 20:23; 31:16).

   Siguiendo esa misma línea, Jesús recomendó: “Dejen de acumular para sí tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el moho consumen, y donde ladrones entran por fuerza y hurtan. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni polilla ni moho consumen, y donde ladrones no entran por fuerza y hurtan” (Mateo 6:19, 20).

   Ese oportuno consejo es tan válido hoy en día como lo fue hace dos mil años. En vez de vernos entrampados por el afán de conseguir riquezas, tenemos la posibilidad de beneficiarnos de seguir un modo de vida superior. La clave está en acumular tesoros espirituales, que llevan a una vida de verdadera felicidad y satisfacción. ¿Cómo lograrlo? Leyendo la Palabra de Dios, la Biblia, y poniendo en práctica sus enseñanzas.

Los valores espirituales y sus recompensas

   Cuando nos regimos por valores espirituales, obtenemos beneficios físicos, emocionales y espirituales. Tal como la capa de ozono de la atmósfera terrestre nos sirve de escudo contra los rayos solares dañinos, los principios morales sólidos nos protegen al exponer los efectos peligrosos del materialismo. El apóstol cristiano Pablo escribió: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).

   La persona materialista pretende conseguir más dinero, posición y poder. Con mucha frecuencia recurre a medios tortuosos y fraudulentos para lograr dicho objetivo. La búsqueda de riquezas le roba tiempo, fuerzas y aptitudes, e incluso el sueño (Eclesiastés 5:12). No hay duda de que el afán de tener más supone un obstáculo para el progreso espiritual. El hombre más grande de todos los tiempos, Jesucristo, señaló claramente cuál era el mejor camino: “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual” (Mateo 5:3). Sabía que las riquezas espirituales producen recompensas permanentes y son mucho más importantes que las ganancias materiales pasajeras (Lucas 12:13-31).

¿Sirve realmente de algo?

  Los valores espirituales sirven para mejorar las relaciones interpersonales. Los amigos verdaderos se sienten atraídos a uno por lo que es, no por lo que tiene. La Biblia afirma: “Quien con sabios anda, a pensar aprende” (Proverbios 13:20, Traducción en lenguaje actual). Además, el éxito de la vida familiar se basa en la sabiduría y en el amor, no en las posesiones (Efesios 5:22–6:4)


                         

 

 

 

 

 


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