03-07-2020
Mi palabra es un documento.
Muchas veces habrás escuchado esta expresión
que decían nuestros abuelos y los abuelos de ellos: “Mi
palabra es un documento”, esta expresión denotaba la
intencionalidad de darle cumplimiento a lo que se comprometían sin necesidad de
firmar papeles, era símbolo de confianza entre partes, no era cuestionable y
tenía el carácter de obligatorio cumplimiento por el que empeñaba su
palabra. Esto era muy importante ya que
destacaba algunos valores del hombre tales como: respeto, lealtad, confianza.
Hoy en día vivimos momentos muy distintos a
los de nuestros ancestros, eso es muy cierto, sin embargo los valores deberían
ser los mismos, lastimosamente no es así, el hombre ha caído en una situación
que lo ha llevado a crear una crisis de valores, no es que los valores no
existan como muchos dicen, simplemente el hombre no los pone en práctica como
forma de vida. En esa falta de practica está el
“VALOR DE LA PALABRA”, el hombre no cree en su prójimo, no confía ni cuando
existen documentos legales de por medio.
Muchos sostienen que las palabras se las
lleva el viento, déjame decirte que esa afirmación no es correcta, que las
palabras tienen peso en este plano físico y en el plano espiritual. La palabra
que demos va a determinar nuestro estilo de vida en el presente y el futuro. Nuestras palabras son documentos escritos, ahora,
dónde escribimos esos documento? esos documentos lo escribimos en el mundo
espiritual. No vemos el libro pero diariamente estamos llenando sus páginas con
nuestras palabras.
Debemos vigilar entonces lo que de nuestra
boca sale, hagamos valer ese documento que es nuestra palabra, existe alguien quien le dé importancia a la
palabra? Si, DIOS da importancia a la palabra, por la palabra de Dios todo fue
creado, la palabra tiene poder tal cual tiene poder la nuestra por eso debemos
HONRAR NUESTRA PALABRA, hacer que se cumpla y cumplir la palabra de Dios. No la
desacreditemos retomemos el valor que dieron nuestros antepasados a su palabra,
y de seguro podrás esperar que nuestro padre cumpla con la suya que la honre,
que mal nos veríamos si exigiéramos lo que nosotros no cumplimos. Recuerda que
todos los días escribimos páginas de un libro con nuestras palabras.
“Mi
lengua es pluma de escribiente muy ligero” Salmo 45:1
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